Primeras vacaciones en China

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Acabo de volver de unas vacaciones cortas pero intensas. En resumen: MARAVILLOSAS. De hecho, cuando salí de la estación de tren en Kunming, sólo quería volverme. En China, la primera semana de octubre es fiesta así que aprovechamos Raquel, Gabi, Felicity y yo para viajar por la provincia de Yunnan, es decir, la provincia en la que vivo. Reservamos albergues por internet en cada una de las ciudades que íbamos a visitar y quedó al principio en el aire la posibilidad de visitar la Garganta del salto del tigre. Debo decir que ha sido un viaje alucinante y muy barato (9 días unos 130 euros en total). Hemos ido a los lugares menos caros y viajado siempre en autobús, pero hemos comido todos los días comida caliente.

Dali (大理) Nuestro primer destino fue Dali. Tuvimos suerte porque fuimos con una chica autóctona que conocimos en la universidad y no ayudó muchísimo en todo, incluso nos acompañó hasta el hostal. Supuestamente íbamos a tardar unas 4 horas en llegar pero al final fueron 9 horas y media desesperantes en el autobús. Como casi todo el mundo tenía vacaciones imaginaos cómo estaban las carreteras de coches, así que salimos a las 10 de la mañana y pisamos el hostal a las 21.30 de la noche (las caras que llevábamos eran para verlas).  Me encantó el lugar en el que nos quedamos, creo que era el mejor, entre otras cosas porque estábamos solas en la habitación y no teníamos que compartir baño (¡por tan sólo unos 3 euros la noche!). Además, tenían un perrito precioso allí, y como no, la foto tenía que echarla.

Disfrutamos poco de Dali esa noche. Sólo salimos a cenar y a dar un paseo por la ciudad antigua (llena de tiendecitas). Nos acostamos temprano debido al cansancio del viaje.

El día siguiente fue muy intenso. Andamos y vimos todo lo que pudimos y lo que nuestra economía se podía permitir claro. Estuvimos en un lago precioso y nos montamos en una barquita que llevaba un hombre entrañable, al final acabamos remando Gabi y yo, que por cierto, parece fácil pero no lo es.  Por la tarde fuimos a otro pueblecito muy cerca de Dali y encontramos un lugar donde hacían cuadros con seda. Precioso, pero también costosísimos. Incluso si el cuadro era grande se podía tardar años en terminarlo. Encontramos muchas mujeres aprendiendo y echamos un par de fotos para que se viera el proceso.

Felicity y Raquel se volvieron al hostal porque estaban muy cansadas y Gabi y yo quisimos ir a ver un templo que se situaba en la cima de una colina. Por el camino nos encontramos a una pareja tocando un instrumento de viento muy curioso y por supuesto quisimos probarlo y estuvimos charlando con ellos.  El templo estaba ya cerrado pero las vistas eran impresionantes y el camino bellísimo. Gabi se compró un sombrero típico de una minoría étnica así que le hice de modelo ya que no nos dejaban entrar en el templo.

Por la noche quedamos con dos compañeros de clase que estaban en Dali. Fuimos a un bar plagado de occidentales y nos tomamos unas cervezas. Luego regresamos al hostal bastante cansadas.

Lijiang (丽江)

Dali nos pareció hermosísima y no nos apetecía mucho dejarla atrás pero también queríamos conocer más, así que cogimos un minibús hacia Lijiang al día siguiente por la mañana.

Tardamos unas 4 horas en llegar y en la estación de autobús conocimos a dos chinos que se ofrecieron a ayudarnos a buscar el albergue en el que nos hospedábamos. Tardamos muchísimo en encontrarlo. Dimos vueltas y vueltas hasta que por fin lo encontramos (por supuesto, cargando con el equipaje). Cuando finalmente, los chicos chinos comenzaron a explicarle a la mujer encargada en el albergue que habíamos reservado por internet y entonces me di cuenta de que algo iba mal. Por lo visto para la tipa nosotros no habíamos reservado nada. Les mostré la reserva en mi email pero decían que sólo aceptaban reservas desde una página web china y que hostelbookers no les valía, que nos habían engañado (¡y yo ya había pagado el 10% por internet!). Creo que fue el único momento en los 9 días de viaje que acabé desesperada y enfadada pero menos mal que sólo fue unos minutos.

Afortunadamente los chicos chinos nos ayudaron a encontrar otro hostal porque en este sitio nos querían cobrar el triple por cada cama. Vuelta a coger las maletas. Salimos de la ciudad vieja porque allí era todo carísimo y acabamos en un hostal chino. Imaginaos. Fuera comodidades. Una habitación de 3 camas para 4 personas. Baño compartido sin agua caliente… A los 2 días de estar allí ya queríamos irnos. Normal, no nos habíamos podido ni duchar y cada vez que bajabas al baño necesitabas un empujón de valor. De todas formas fue una experiencia única y estábamos en el corazón de china, en un hostal chino y en una calle chinísima, fuera de cualquier sitio turístico.

Estábamos hambrientas y al final estos muchachos nos invitaron a comer y por la tarde nos dimos un paseo por el casco antiguo. Creo que la ciudad que menos me gustó fue Lijiang, pero no porque fuera fea, sino porque estaba plagada de turistas. No se podíaa casi ni andar por las calles, era alucinante. Tiendas y tiendas de suvenires por doquier, gente y más gente. Volvimos al hostal pronto y acabé durmiendo en la misma cama con Gabi, no demasiado bien esa noche.

El día siguiente me gustó más. En principio no queríamos quedarnos en Lijiang otra noche, pero estaba todo completo en la Garganta del salto del tigre y decidimos quedarnos otro día más y salir temprano al día siguiente para Shangri-la, así que nos tomamos la jornada con más calma.

Estábamos hartas de “guirilandia” y las tiendas así que se nos ocurrió salir un poco de todo aquello e intentar subir una colina que parecía guardar unas vistas maravillosas en su cima. Efectivamente. De hecho, estuvimos sentadas allí una media hora contemplando la ciudad antigua desde lo alto.

Más tarde entramos en un parque precioso. Estuvimos paseando por allí hasta que se nos hizo de noche y acabé bailando con un grupo de mujeres que estaban ensayando un par de canciones (me encanta bailar con los chino/as en los parques).

Cenamos en un sitio baratísimo y volvimos a la ciudad antigua para darnos otro paseo. Acabamos perdiéndonos (y eso que parecía pequeña), así que llegamos al hostal a las 12.30 de la noche, yo ya casi ni me mantenía en pie. Acabé durmiendo con el abrigo puesto porque las ventanas de la habitación eran casi de papel.

Shangri-la (香格里拉)

¡Qué ganas teníamos de salir de Lijiang! Deseábamos encontrar un albergue mucho más acogedor en Shangri-la y una ciudad menos plagada de turistas. Fue la ciudad que más me gustó y el tiempo acompañaba, nos hizo bueno los dos días que estuvimos allí. ¡Qué maravillosa ciudad!

Llegamos a la hora de comer y directamente nos fuimos a por unos jiaozi  饺子(estábamos hasta las narices ya de arroz). Creo que no he probado nunca unos jiaozi tan ricos. Una vez saciadas nos fuimos a andar por la ciudad antigua, que era aún más bonita que la de Lijiang. Shangri-la parecía un pueblecito en la montaña lleno de calles estrechas y empedradas. Se podían ver tibetanos por doquier y gente bailando en las plazas.

Una de las cosas que más me llamó fue ver yaks, jamás había visto uno en mi vida y, creedme, son impresionantes. Entramos en un museo tibetano y luego por la noche acabamos bailando en una plaza con los autóctonos. Más tarde tomamos una cerveza en un barecillo plagado de occidentales. Pasamos por la habitación de nuestro albergue en Shangri-la y descubrimos que teníamos nuevos compañeros de habitación, unos gemelos de Indonesia con los que nos llevamos muy bien así que nos fuimos a tomar algo con ellos para terminar la noche.

A la mañana siguiente decidimos seguir viendo y subimos a un templo en lo alto de una colina. Después de comer queríamos ir a ver más así que llamamos a un teléfono de un tipo que venía a recogerte y te llevaba a los sitios turísticos por poco dinero. El problema no era el precio del “taxista”, sino del precio de las entradas de los sitios para visitar, ¡todos costaban dinero!, así que tal como entramos en el coche nos salimos.

Como no pensábamos gastarnos dinero por entrar a algún sitio, llegamos a la conclusión de que quizás era más interesante pasear por las afueras donde no hubiera tanta gente y al final acabamos dentro de una escuela que enseñaba tibetano. Volvimos a la ciudad antigua y decidimos ir a probar el té tibetano (con mantequilla de yak y sal) y luego quisimos probar carne de yak en la cena, que por cierto, se parece bastante a la ternera.

Los indonesios, Raquel y Felicity se acostaron porque estaban cansados, y como no, quedamos como siempre Gabi y yo dispuestas a conocer un poco más la noche en Shangri-la.

Volvimos al garito de la noche anterior y después de un rato autistas en un sofá acabamos hablando con un montón de gente en la barra. Allí conocimos a un francés y a Dani, un malagueño que lleva en China 11 años (y vino para 6 meses). Cuando nos hartamos del bar quisimos encontrar algún sitio para bailar pero ya estaba todo cerrado. Acabamos en un karaoke bailando con los chinos (que por cierto cantaban fatal) y los dueños del local terminaron echándonos porque ya era tardísimo.

Resulta que Dani se ganaba la vida exportando e importando cosas a China y la verdad es que le iba bastante bien. De hecho, luego nos enteramos que se hospedaba en el mismo albergue que nosotras porque era el gran inversor del hostal.

Al día siguiente por la mañana Raquel, Gabi y yo seguimos nuestra aventura hacia la Garganta del salto del tigre y Felicity regresó a Kunming.

La Garganta del salto del tigre (虎跳峡)

Para rematar nuestro viajito y hacerlo aún más maravilloso decidimos ir a la Garganta del salto del tigre. No puedo explicaros la impresión de la montaña y el río Yangtsé porque hay que ir allí para verlo, pero fue ALUCINANTE.

Llegamos por la tarde a un albergue que se encontraba al principio del camino para quedarnos una noche allí. Nuestra idea era comenzar la caminata al día siguiente por la mañana hasta la mitad del camino y dormir otra noche en otro albergue arriba.

A la mañana siguiente Raquel se volvió para Kunming y mi gran compañera Gabi y yo apuramos hasta el último día las vacaciones. Dejamos la maleta en el albergue de la noche anterior y partimos con una mochila con lo mínimo hacia el camino de la Garganta del salto del tigre.

Fue una excursión bastante larga, entre otras cosas porque nos la tomamos con calma. Conocimos mucha gente por el camino (sobre todo occidentales) y durante una hora y media un autóctono nos estuvo siguiendo con un caballo para cuando llegáramos a la parte difícil poder utilizarlo y descansar durante la gran subida. El problema es que nosotras pensamos que iba a costar muy barato (y sólo teníamos casi lo justo para comer y volver a Lijiang). Además, le dijimos al hombre que no queríamos caballo y el tipo pasó de aquello y nos siguió (mucha gente se dedica a lo mismo allí). En un momento dado Gabi me dijo que le preocupaba que el hombre siguiera detrás nuestra porque no sabíamos si podíamos pagarle. Efectivamente, costaba 160 yuanes subirse en el caballito de las narices. Así que muy amablemente despedimos al hombre, le dimos 10 yuanes y le pedimos disculpas (el hombre fue amabilísimo con nosotras y muy entrañable).

La cuesta nos la chupamos nosotras como unas campeonas. Íbamos parando con frecuencia y así duro un par de horas subirla y llegar a la cima de la montaña. Por el camino conocimos a una anciana de 74 años que subía la cuesta como una atleta (qué vergüenza pasé al ver que me adelantaba sin perder el aliento). Vendía mandarinas, así que le compramos dos para seguir el camino y no mucho después llegamos al punto más alto del camino.

Las vistas allí eran impresionantes y descubrimos que la misma señora se dedicaba también a cobrar 8 yuanes por hacer fotos del panorama. Evidentemente no las hicimos porque no teníamos dinero así que nos quedamos allí como una media hora admirando la belleza de la montaña y el río.

A partir de ahí el camino iba hacia abajo hasta llegar a nuestro próximo albergue. Tras una hora y media caminando y una pequeña cascada llegamos a una aldea en medio de la montaña donde se encontraba el “Tea horse”, nuestro deseado destino.

La habitación era impresionante, la ventana tenía unas vistas maravillosas de la montaña, y después de una ducha calentita y la cena más barata que había, acabamos conversando con un señor de unos 70 años que llevaba media vida viajando y recorriendo las montañas más altas de cada país, el mismo se denominaba un “mountain’s man”. Era alucinante lo que Peter había llegado a ver, de hecho, a pesar de ser alemán, vivía entre montañas en Grecia.

Como os podéis imaginar estábamos cansadísimas así que caímos rendidas pronto en la cama.

Al día siguiente nos levantamos a la misma hora para volver por donde habíamos venido ya que las vacaciones no daban para más y no podíamos terminar el camino. Esta vez fuimos más rápidas e hicimos el camino con Peter, aunque parábamos para comer nueces y frutas de los árboles. Llegamos al primer albergue a eso de las 15.30 y fue entrar por la puerta y pegarnos una nueva ducha (esta vez fría porque no había agua caliente). Pensábamos quedarnos allí a comer pero en cuanto salimos por la puerta nos encontramos a unos vascos que habíamos conocido el día anterior y compartimos una furgoneta con ellos para volver a Lijiang. El viaje fue bastante incómodo porque la carretera estaba llena de baches.

Dos horas después llegamos a un pueblecito muy cerca de Lijiang. Estos chicos iban a quedarse allí así que preferimos bajarnos en este sitio y cenar antes de seguir para Lijiang.

Estábamos muertas de hambre porque eran las 18.00 y no habíamos comido (contando también con la caminata de por la mañana). Nos sentamos en un restaurante y volvimos a pedir lo más barato que había, que por cierto, siempre es arroz.

Cogimos dos autobuses, uno de vuelta a Lijiang y otro de camino a la estación de autobuses porque a las 22.00 teníamos nuestro tren para Kunming. Dormimos en coche cama y acabamos hablando con los chinos en el pasillo del tren, al parecer llamábamos mucho la atención.

Llegamos a Kunming a las 7 de la mañana. Fue bastante deprimente salir de la estación de tren y volver a ver el caos, pero también teníamos ganas de llegar a  nuestras habitaciones y dormir en nuestras camas. Aterrizamos en el campus a eso de las 8 y desayunamos en el comedor, ese mismo día ya teníamos clase así que había que ponerse las pilas.

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  1. Ya que soy el primero en comentar, haré el comentario de rigor: el perro era de compañía o acabó en la olla?
    Bien, una vez he hecho el comentario de mal gusto, paso a la infinita envidia que te tengo, asquerosa, pq las fotos son brrrrutales, y por la pedazo de experiencia que estás viviendo. Me alegro tb de que estés haciendo coleguitas superguays. Así es más fácil no echarnos tanto de menos, no? Yo de momento ando peladete de pasta (no cobro mi primer sueldo hasta dentro de dos semanas y ya llevo mes y medio en italia, así que ando apuradillo) así que me dedicaré a la vida hogareña, que me ha dicho la frutare de mi barrio que es lo mejor, así que aprovecharé para mandarte un mail decente (o indecente, según me levante).
    Muchos besos!!

    • Jesusillo! Que aún ni he terminado!JAJAJAJA!Dios mío,tengo ya una desesperación con el internete de m…. de aquí…creo que me voy a tirar de los pelos. Ojalá algún día pueda colgar la entrada entera de una vez. De todas formas, no tienes nada que envidiar, tú en Italia estás de lo lindo pillín, que ya lo he visto en la fotos.
      Un besakoooorrr!

  2. qué bonito, qué bonito de verdad todo. Tienes que llevarme a todos esos sitios -sin excepción :P-. Te escribo de vuelta pronto, cuando sepa bien qué decirte -a ver si te doy alguna noticia nueva y buena-, pero no sabes la ilusión que me hizo tu email, petarding. Te quiero.

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